jueves, 25 de febrero de 2010

Pisto manchego y vino,

Algunos de los platos típicos de Castilla-La Mancha son tan popularesque se han convertido en un elemento imprescindible de la cocinaespañola. Porque ¿Quién no ha probado el pisto manchego? Esta fritadade verduras tiene tantos adeptos que hasta podemos encontrarlapreparada en los supermercados, congelada o en lata.

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Aunque por supuesto no tendrá nada que ver con degustarla de forma natural, cocinada con mimo y buen hacer en su tierra de origen.Admite muchas variantes pero la receta original siempre lleva ajo, cebolla, pimiento, calabacín y tomate, todo cortado en pequeños dados. Dicen que el secreto está en ir pochando los ingredientes en este orden y dejar reposar el pisto al menos media hora después de su realización.Se puede servir frío o caliente, con huevo, como entrante, en tapa o incluso en bocadillo pero la mejor forma de disfrutar de este delicioso manjar es sin duda acompañándolo de una buena copa de vino. Enoturismo y gastronomía van siempre de la mano y Castilla – La Mancha con sus apacibles paisajes, sus excelentes vinos y sus recetas tradicionales nos anima a descubrir el auténtico lujo de lo sencillo. 



Vino Blanco Ilex - Chardonnay



Bodega Bodegas y Viñedos Castiblanque
Tipo de vino Blanco Fermentado en Barrica
Cosecha 2005
Denominación de origen Vino de la Tierra de Castilla
Variedad de uva Chardonnay
Ficha de cata Denota la claridad, limpieza y matices dorados marcados claramente por ribetes tostados.Aroma de intensidad media a fruta en almíbar, melocotón y piña sobre notas especiadas bien fundidas con los ahumados del roble.Suave y denso. Fresco en su recorrido en boca donde se aprecia una acidez equilibrada y una marcada fase retronasal que nos permite captar la fruta y los tostados en buena armonía.
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Más Información sobre esta Bodega: Practica enoturismo en Bodegas Castiblanque.




Vino Blanco Fermentado" Talva " Bodegas Pago del Vicario


Bodega Pago del VicarioTipo de vino Blanco Fermentado en BarricaCosecha 2004Denominación de origen Vino de la Tierra de CastillaVariedad de uva Sauvignon BlancChardonnayFicha de cata Color: Amarillo limón, con ribetes dorados y verdosos, glicérico y muy brillante.Nariz: Nariz cítrica y frutal, recordando al limón y al níspero, con notas de heno fresco, laurel e hinojo. Lácticos de mantequilla se funden con un tostado dulce de membrillos y amielados. Aparece un floral de lilas.Boca: Boca amplia y fresca, donde destacan los lácticos y cítricos de pomelo. Final agradablemente amargo, con la madera integrada que se percibe en el postgusto.Os recomendamos una temperaturade consumo de 8ºC.

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miércoles, 17 de febrero de 2010

Canelón relleno de cordero manchego



Toma que toma!! este sí que me llama! jajaja un megacanelón relleno detiernas mollejitas de cordero manchego salteadas junto a angula demonte y perrichicos con un ajito de mi amigo Samuel Cano, un chorretedel Airén Patio de Samuel también, perejil y sal. Jose Antonio, mi jefedel Rte Granero lo sirve sobre un poco de crema de patata muy fina ymanzana asada ó carne de membrillo no muy dulce..... ¡para chuparse losdedossssss!

Por supuesto, mi menda lo acompaña con:

Vino blanco Sauvignon blanc, mejor si pasó por barrica como el de Montreaga
Vino rosado si con algo de azucar residual y gas mejor, el Corucho Garnacha bien
Vino Tinto, Garnachita mía de mis amores ó Monastrell, que sabes que también
te quiero, como el Finca Antigua Garnacha!
Espumoso, hoy estoy goloso, Barbasol, Moscatel semidulce y de aguja Grrrrrr
Cervezuela, hoy estoy juguetón jeje, Lambic de Cereza ó Frambuesa.

Sé que no es un maridaje muy serio, pero creo que tampoco está muy desencaminado, algo informal y curioso.

Espero te guste, y si no, ser el primero en enterarme.

Salud y ¡mucha Mancha! 

Plaza de Toros hexagonal de Almadén, única en España y en el mundo.

Está en Ciudad Real, concreatamente en Almadén. Sirve para torear.Es hexagonal. Es restaurante. Es hotel… ¿Despistado? No me extraña:cualquiera lo estaría. ¿Has pensado en una plaza de toros? ¿Sí? ¡Pueshas acertado!. Estamos hablando de la Plaza de Toros hexagonal de Almadén, única en España y en el mundo.



Construída a mediados del siglo XVIII, su historiaes tan particular y única que merece la pena no sólo contarla, sino iry vivirla de primera mano, porque realmente impacta ver unaconstrucción tan singular.

Si viendo la foto, te has quedado impresionado, imagínate lasensación de pisar la arena y ver esquinas y ángulos a tu alrededor. Laexperiencia es única. Además, su construcción fue para un fin benéfico:recaudar fondos para la construcción del Hospital Minero.

Por todo esto, os digo que es un lugar único y que si tenéisoportunidad deberíais conocer, porque no os va a dejar indiferentes… Ami desde luego no me dejó…

Fuente | Luz Ruiz.
Más información | Turismo en Almadén

lunes, 15 de febrero de 2010

El quijote - Capítulo sexto

Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la libreríade nuestro ingenioso hidalgo


El cual aún todavía dormía. Pidió las llaves a la sobrina del aposento donde estaban los libros autores del daño, y ella se las dió de muy buena gana. Entraron dentro todos, y el ama con ellos, y hallaron más de cien cuerpos de libros grandes muy bien encuadernados, y otros pequeños; y así como el ama los vió, volvióse a salir del aposento con gran priesa, y tornó luego con una escudilla de agua bendita y un hisopo, y dijo: tome vuestra merced, señor licenciado; rocíe este aposento, no esté aquí algún encantador de los muchos que tienen estos libros, y nos encanten en pena de la que les queremos dar echándolos del mundo. Causó risa al licenciado la simplicidad del ama, y mandó al barbero que le fuese dando de aquellos libros uno a uno, para ver de qué trataban, pues podía ser hallar algunos que no mereciesen castigo de fuego. No, dijo la sobrina, no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han sido los dañadores, mejor será arrojarlos por las ventanas al patio, y hacer un rimero de ellos, y pegarles fuego, y si no, llevarlos al corral, y allí se hará la hoguera, y no ofenderá el humo. Lo mismo dijo el ama: tal era la gana que las dos tenían de la muerte de aquellos inocentes; mas el cura no vino en ello sin primero leer siquiera los títulos. Y el primero que maese Nicolás le dió en las manos, fue los cuatro de Amadís de Gaula, y dijo el cura: parece cosa de misterio esta, porque, según he oído decir, este libro fue el primero de caballerías que se imprimió en España, y todos los demás han tomado principio y origen de este; y así me parece que como a dogmatizador de una secta tan mala, le debemos sin excusa alguna condenar al fuego. No, señor, dijo el barbero, que también he oído decir que es el mejor de todos los libros que de este género se han compuesto, y así, como a único en su arte, se debe perdonar. Así es verdad, dijo el cura, y por esa razón se le otorga la vida por ahora. Veamos ese otro que está junto a él. Es, dijo el barbero, Las sergas de Esplandián, hijo legítimo de Amadís de Gaula. Pues es verdad, dijo el cura, que no le ha de valer al hijo la bondad del padre; tomad, señora am, abrid esa ventana y echadle al corral, y dé principio al montón de la hoguera que se ha de hacer. Hízolo así el ama con mucho contento, y el bueno de Esplandián fue volando al corral, esperando con toda paciencia el fuego que le amenazaba. Adelante, dijo el cura. Este que viene, dijo el barbero, es Amadís de Grecia, y aun todos los de este lado, a lo que creo, son del mismo linaje de Amadís. Pues vayan todos al corral, dijo el cura, que a trueco de quemar a la reina Pintiquiniestra, y al pastor Darinel, y a sus églogas, y a las endiabladas y revueltas razones de su autor, quemara con ellos al padre que me engendró, si anduviera en figura de caballero andante. De ese parecer soy yo, dijo el barbero. Y aun yo, añadió la sobrina. Pues así es, dijo el ama, vengan, y al corral con ellos. Diéronselos, que eran muchos, y ella ahorró la escalera, y dió con ellos por la ventana abajo. ¿Quién es ese tonel? dijo el cura. Este es, respondió el barbero, Don Olicante de Laura. El autor de ese libro, dijo el cura, fue el mismo que compuso a Jardín de Flores, y en verdad que no sepa determinar cuál de los dos libros es más verdadero, o por decir mejor, menos mentiroso; solo sé decir que este irá al corral por disparatado y arrogante. Este que sigue es Florismarte de Hircania, dijo el barbero. ¿Ahí está el señor Florismarte? replicó el cura. Pues a fe que ha de parar presto en el corral a pesar de su extraño nacimiento y soñadas aventuras, que no da lugar a otra cosa la dureza y sequedad de su estilo; al corral con él, y con ese otro, señora ama. Que me place, señor mío, respondió ella... y con mucha alegría ejecutaba lo que era mandado. Este es El caballero Platir, dijo el barbero. Antiguo libro es ese, dijo el cura, y no hallo en él cosa que merezca venia; acompañe a los demás sin réplica... Y así fue hecho. Abrióse otro libro, y vieron que tenía por título El caballero de la Cruz. Por nombre tan santo como este libro tiene, se podía perdonar su ignorancia; mas también se suele decir tras la cruz está el diablo: vaya al fuego. Tomando el barbero otro libro, dijo: Este es Espejo de Caballerías. Ya conozco a su merced, dijo el cura: ahí anda el señor Reinaldos del Montalban con sus amigos y compañeros, más ladrones que Caco, y los doce Pares con el verdadero historiador Turpin; y en verdad que estoy por condenarlos no más que a destierro perpetuo, siquiera porque tienen parte de la invención del famoso Mato Boyardo, de donde también tejió su tela el cristiano poeta Ludovico Ariosto, al cual, si aquí le hallo, ya que habla en otra lengua que la suya, no le guardaré respeto alguno; pero si habla en su idioma, le pondré sobre mi cabeza. Pues yo le tengo en italiano, dijo el barbero, mas no le entiendo. Ni aun fuera bien que vos le entendiérais, respondió el cura; y aquí le perdonáramos al señor capitán, que no le hubiera traído a España, y hecho castellano; que le quitó mucho de su natural valor, y lo mismo harán todos aquellos que los libros de verso quisieren volver en otra lengua, que por mucho cuidado que pongan y habilidad que muestren, jamás llegarán al punto que ellos tienen en su primer nacimiento. Digo, en efecto, que este libro y todos los que se hallaren, que tratan de estas cosas de Francia, se echen y depositen en un pozo seco, hasta que con más acuerdo se vea lo que se ha de hacer de ellos, exceptuando a un Bernardo del Carpio, que anda por ahí, y a otro llamado Roncesvalles, que estos, en llegando a mis manos, han de estar en las del alma, y de ellas en las del fuego, sin remisión alguna. Todo lo confirmó el barbero, y lo tuvo por bien y por cosa muy acertada, por entender que era el cura tan buen cristiano y tan amigo de la verdad, que no diría otra cosa por todas las del mundo. Y abriendo otro libro, vió que era Palmerín de Oliva, y junto a él estaba otro que se llamaba Palmerín de Inglaterra, lo cual, visto por el licenciado, dijo: esa oliva se haga luego rajas y se queme, que aun no queden de ella las cenizas, y esa palma de Inglaterra se guarde y se conserve como cosa única, y se haga para ella otra caja como la que halló Alejandro en los despojos de Darío, que la diputó para guardar en ellas las obras del poeta Homero. Este libro, señor compadre, tiene autoridad por dos cosas: la una porque él por sí es muy bueno, y la otra, porque es fama que le compuso un discreto rey de Portugal. Todas las aventuras del castillo de Miraguarda son bonísimas y de grande artificio, las razones cortesanas y claras que guardan y miran el decoro del que habla, con mucha propiedad y entendimiento. Digo, pues, salvo vuestro buen parecer, señor maese Nicolás, que este y Amadís de Gaula queden libres del fuego, y todos los demás, sin hacer más cala y cata, perezcan. No, señor compadre, replicó el Barbero, que este que aquí tengo es el afamado Don Belianís. Pues ese, replicó el cura, con la segunda y tercera y cuarta parte, tienen necesidad de un poco de ruibarbo para purgar la demasiada cólera suya, y es menester quitarles todo aquello del castillo de la fama, y otras impertinencias de más importancia, para lo cual se les da término ultramarino, y como se enmendaren, así se usará con ellos de misericordia o de justicia; y en tanto tenedlos vos, compadre, en vuestra casa; mas no lo dejéis leer a ninguno. Que me place, respondió el barbero, y sin querer cansarse más en leer libros de caballerías, mandó al ama que tomase todos los grandes, y diese con ellos en el corral. No lo dijo a tonta ni a sorda, sin o a quien tenía más gana de quemarlos que de echar una tela por grande y delgada que fuera; y asiendo casi ocho de una vez, los arrojó por la ventana. Por tomar muchos juntos se le cayó uno a los pies del barbero, que le tomó gana de ver de quién era, y vió que decía: Historia del famoso caballero Tirante el Blanco. Válame Dios dijo el cura, dando una gran voz; ¡que aquí esté Tirante Blanco! Dádmele acá, compadre, que hago cuenta que he hallado en él un tesoro de contento y una mina de pasatiempos. Aquí está don Kirieleison de Montalván, valeroso caballero, y su hermano Tomás de Montalván y el caballero Fonseca, con la batalla que el valiente de Tirante hizo con Alano, y las agudezas de la doncella Placerdemivida, con los amores y embustes de la viuda Reposada, y la señora emperatriz enamorada de Hipólito su escudero. Dígoos verdad, señor compadre, que por su estilo es este el mejor libro del mundo; aquí comen los caballeros, y duermen y mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte, con otras cosas de que todos los demás libros de este género carecen. Con todo eso, os digo que merecía el que lo compuso, pues no hizo tantas necedades de industria, que le echaran a galeras por todos los días de su vida. Llevadle a casa y leedle, y veréis que es verdad cuanto de él os he dicho. Así será, respondió el barbero; pero ¿qué haremos de estos pequeños libros que quedan? Estos, dijo el cura, no deben de ser de caballerías, sino de poesía; y abriendo uno, vió que era la Diana, de Jorge de Montemayor, y dijo (creyendo que todos los demás eran del mismo género:) estos no merecen ser quemados como los demás, porque no hacen ni harán el daño que los de caballerías han hecho, que son libros de entretenimiento, sin perjuicio de tercero. ¡Ay, señor!, dijo la sobrina. Bien los puede vuestra merced mandar quemar como a los demás, porque no sería mucho que habiendo sanado mi señor tío de la enfermedad caballeresca, leyendo estos se le antojase de hacerse pastor, y andarse por los bosques y prados cantando y tañendo, y lo que sería peor, hacerse poeta, que, según dicen, es enfermedad incurable y pegadiza. Verdad dice esta doncella, dijo el cura, y será bien, quitarle a nuestro amigo este tropiezo y ocasión de delante. Y pues comenzamos por la Diana de Montemayor, soy de parecer que no se queme, sino que se le quite todo aquello que trata de la sabia Felicia y de la agua encantada, y casi todos los versos mayores, y quédesele en hora buena la prosa y la honra de ser primero en semejantes libros. Este que se sigue, dijo el barbero, es la Diana llamada Segunda del Salmantino; y este otro, que tiene el mismo nombre, cuyo autor es Gil Polo. Pues la del Salmantino, respondió el cura, acompañe y acreciente el número de los condenados al corral, y la de Gil Polo se guarde como si fuera del mismo Apolo; y pase adelante, señor compadre, y démonos priesa, que se va haciendo tarde. Este libro es, dijo el barbero abriendo otro, los diez libros de Fortuna de Amor, compuesto por Antonio de Lofraso, poeta sardo. Por las órdenes que recibí, dijo el cura, que desde que Apolo fue Apolo, y las musas musas, y los poetas poetas, tan gracioso ni tan disparatado libro como ese no se ha compuesto, y que por su camino es el mejor y el más único de cuantos de este género han salido a la luz del mundo; y el que no le ha leído puede hacer cuenta que no ha leído jamás cosa de gusto. Dádmele acá, compadre, que precio más de haberle hallado, que si me dieran una sotana de raja de Florencia. Púsole aparte con grandísimo gusto, y el Barbero prosiguió diciendo: Estos que siguen son el Pastor de Iberia, Ninfas de Henares y Desengaño de Zelos. Pues no hay más que hacer, dijo el cura, sino entregárselos al brazo seglar del ama, y no se me pregunte el porqué, que sería nunca acabar. Este que viene es el Pastor de Filida. No es ese pastor, dijo el cura, sino muy discreto cortesano; guárdese como joya preciosa. Este grande que aquí viene se intitula, dijo el barbero, Tesoro de varias poesías. Como ellas no fueran tantas, dijo el cura, fueran más estimadas; menester es que este libro se escarde y limpie de algunas bajezas que entre sus grandezas tiene; guárdese, porque su autor es amigo mío, y por respeto de otras más heroicas y levantadas obras que ha escrito. Este es, siguió el barbero, el Cancionero de López Maldonado. También el autor de ese libro, replicó el cura, es grande amigo mío, y sus versos en su boca admiran a quien los oye, y tal es la suavidad de la voz con que los canta, que encanta; algo largo es en las églogas, pero nunca lo bueno fue mucho, guárdese con los escogidos. Pero ¿qué libro es ese que está junto a él? La Galatea de Miguel de Cervantes, dijo el barbero. Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo de buena invención, propone algo y no concluye nada. Es menester esperar la segunda parte que promete; quizá con la enmienda alcanzará del todo la misericordia que ahora se le niega; y entre tanto que esto se vé, tenedle recluso en vuestra posada, señor compadre. Que me place, respondió el barbero; y aquí vienen tres todos juntos: la Araucana de don Alonso de Ercilla; la Austríada de don Juan Rufo, jurado de Córdoba y el Montserrat de Cristóbal de Virues, poeta valenciano. Todos estos tres libros, dijo el cura, son los mejores que en verso heroico, en lengua castellana están escritos, y pueden competir con los más famosos de Italia: guárdense como las más ricas prendas de poesía que tiene España. Cansóse el cura de ver más libros, y así a carga cerrada, quiso que todos los demás se quemasen; pero ya tenía abierto uno el barbero que se llamaba Las lágrimas de Angélica. Lloráralas yo, dijo el cura en oyendo el nombre, si tal libro hubiera mandado quemar, porque su autor fue uno de los famosos poetas del mundo, no sólo de España, y fue felicísimo en la traducción de algunas fábulas de Ovidio. 




jueves, 11 de febrero de 2010

Turismo por la Ciudad Encantada de Cuenca


La Ciudad Encantada es un hermoso lugar, paraje natural lleno deformaciones rocosas de origen calcáreo o calizas, que a lo largo demiles de años y por acción del agua, el viento y la nieve, han idotomando formas extrañas.





La Ciudad Encantada está situada en Valdecabras, término municipal de Cuenca, España, lugar de singular belleza rodeada de frondosos pinares y como marco paisajístico de la sierra cóquense.



El lugar fue declarado como Sitio Natural de Interés Nacional el 11 dejunio de 1929, caprichosas y espectaculares formas que la erosión haido esculpiendo con el tiempo, han hecho que la Ciudad Encantada sea unode los más bellos parajes que nos brinda la naturaleza, es un granlaberinto de formaciones rocosas de figuras fantásticas que laspersonas han ido bautizando con nombres de objetos y animales.

Cuenca, donde se ubica la Ciudad Encantada,es la comarca más húmeda además de tener una complicada topografía, enla que los ríos han labrado profundos valles, una serie de mesetas ycumbres planas que deben su belleza al accionar de los ríos, Júcar,Escabas, Cuervo y Gadiela.


La Ciudad Encantada se localiza a unos 36 kilómetros de Cuenca,partiendo de la ciudad tomando la carretera que va a Tragacete ypasando por el mirador turístico Ventano del Diablo, lugar desde dondese aprecia una extraordinaria panorámica del río Júcar, se continúaunos cinco kilómetros más hasta el desvío de Valdecabras, antes delcual se encuentra este hermoso lugar.

Este paraje se encuentradentro de una finca particular por lo que deberá abonar una entradapara poder ingresar, el recorrido está totalmente señalizado, son unostres kilómetros, por lo que no encontrará dificultades. El recorridodura unas dos horas sin prisas y dándose el tiempo para apreciar labelleza del lugar.



El entorno de la Ciudad Encantada parece mágico, caminar por ella nosda la impresión de estar en una ciudad ciclópea y llena de laberintos,formas que usted irá descubriendo y dándoles el nombre que suimaginación le sugiera.

El entorno es de una belleza singular,vegetación por doquier y olores de las plantas aromáticas seentremezclan en el ambiente, unido a las enormes formaciones rocosasnos llenan de indescriptible emoción que por momentos sobrecoge.

Ruta de los Caminos del Vino de La Mancha

La Ruta de los Caminos del Vino de La Mancha, con el vino como elemento fundamental y común, une ocho pueblos de las provincias de Castilla La Mancha.

Alcázar de San Juan, Pedro Muñoz, Socuéllamos, Tomelloso,Villarobledo, Campo de Criptana, San Clemente y El Toboso guían alviajero por el paisaje, las gentes y costumbres que forman parte del mundo que inspiró a Cervantes.

Fotografía: carlos monteagudo

Las extensas superficies de viñedos, tal vez de las mayores de Europa, descubren y evocan una tierra histórica, escenario de las andanzas del famoso hidalgo don Quijote. El vino que salía a chorros de los pellejos acribillados por su espada era el mismo que hoy podemos disfrutar. 

De intensos aromas y gusto grave y redondo en boca, con carácter y personalidad. Más de cuatrocientas bodegaselaboran vino dentro de la D.O. La Mancha y la Indicación GeográficaProtegida Tierra de Castilla. Siempre ubicadas en parajes presididospor inacabables llanuras de viñedos.

A estos vinos les acompaña la cocina popular manchega:pisto, gachas, caldereta de cordero, gazpachos manchegos, lomo de orza,ajoarriero o patatas con conejo, sin olvidar el queso manchego.

Aún se enseñorean en los cerros algunos molinos, símboloindiscutible de La Mancha. Esta Ruta del Vino está salpicada de ellos.Pero estos caminos descubren también al viajero un valioso patrimonio histórico-artísticode diferentes épocas y estilos.

Fotografía: heart industry
Restos arqueológicos, construcciones medievales ligadas al desarrollo de las Órdenes Militares, edificios góticos y renacentistas, civiles y religiosos, grandes y antiguas casas solariegas…
Estos Caminos del Vino ofrecen además numerosas actividades de ocio: paseos guiados,visitas a museos, recorridos en bicicleta, maridajes de vino y queso,cursos de cata, rutas por la naturaleza y diferentes itinerarios quenos descubren un viaje para los sentidos.

Fuente | Viajes.net

miércoles, 3 de febrero de 2010

Quijote Convention Bureau - Ciudad Real como Ciudad de Congresos

Tras la última asamblea celebrada en abril de 2008 en Sevilla, Ciudad Real pasó a formar parte de las ciudades incluidas dentro del Spain Convention Bureau. Este importante acontecimiento ha supuesto un punto de inicio en la carrera de la ciudad como centro de congresos y eventos.





Factores decisivos como su situación estratégica, unidos a medios de comunicación decisivos como son el AVE o el futuro Aeropuerto Central de Ciudad Real, suponen una ventaja añadida. Con igual importancia cuenta la amplia oferta de alojamientos y espacios destinados a la celebración de congresos y eventos con los que cuenta la ciudad. Actualmente, gracias al Hospital de Ciudad Real y a la Universidad de Castilla La Mancha, son varios los congresos que ya se han celebrado.




La oficina Quijote Convention Bureau será la encargada de la promoción y comercialización de Ciudad Real como ciudad de congresos.



Celebra tus eventos de empresa en una bodega de Castilla La Mancha

Puede que al pensar en lugares donde celebrar una reunión o un evento de empresa no se nos ocurra incluir entre nuestras opciones una bodega, pero si analizamos todas las posibilidades que nos ofrecen las fincas integrantes del club Divinum Vitae para nuestros encuentros de negocios seguro que descubrimos más de un motivo para tenerlas en cuenta.


Espacios grandes y acogedores con posibilidad de alojamiento, restaurantes donde disfrutar de lo mejor de la gastronomía manchega, entornos tranquilos ideales para el trabajo, paisajes idílicos en los que pasear en los momentos de desconexión y la posibilidad de crear un valor añadido a nuestras jornadas laborales mezclándolas con alguna actividad relacionada con el vino.



En la web del club de turismo enológico de Castilla-La Mancha encontraréis un listado con todas las bodegas que ofrecen este servicio, con disponibilidad tanto para grupos pequeños como para empresas grandes y la garantía de contar con los equipamientos y medios adecuados para que nuestros eventos sean todo un éxito, que siempre podemos finalizar con un brindis por los resultados obtenidos.



Fuente : Teresa Morales.

martes, 2 de febrero de 2010

Capítulo quinto

Donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestro caballero

 

Viendo, pues, que en efecto no podía menearse, acordó de acogerse a su ordinario remedio, que era pensar en algún paso de sus libros, y trájole su cólera a la memoria aquel de Baldovinos y del marqués de Mantua, cuando Carloto le dejó herido en la montaña... historia sabida de los niños, no ignorada de los mozos, celebrada y aun creída de viejos, y con todo esto no más verdadera que los milagros de Mahoma. Esta, pues, le pareció a él que le venía de molde para el paso en que se hallaba, y así con muestras de grande sentimiento, se comenzó a volcar por la tierra, y a decir con debilitado aliento lo mismo que dicen decía el herido caballero del bosque:
¿Donde estáis, señora mía,
que no te duele mi mal?
O no lo sabes, señora,
o eres falsa y desleal.
Y de esta manera fue prosiguiendo el romance hasta aquellos versos que dicen:
Oh noble marquás de Mantua,
mi tío y señor Carnal.
Y quiso la suerte que cuando llegó a este verso acertó a pasar por allí un labrador de su mismo lugar, y vecino suyo, que venía de llevar una carga de trigo al molino; el cual, viendo aquel hombre allí tendido, se llegó a él y le preguntó que quién era y qué mal sentía que tan tristemente se quejaba. Don Quijote creyó sin duda que aquel era el marqués de Mantua su tío, y así no le respondió otra cosa sino fue proseguir en su romance, donde le daba cuenta de su desgracia y de los amores del hijo del Emperante con su esposa, todo de la misma manera que el romance lo canta. El labrador estaba admirado oyendo aquellos disparates, y quitándole la visera, que ya estaba hecha pedazos de los palos, le limpió el rostro que lo tenía lleno de polvo; y apenas le hubo limpiado, cuando le conoció y le dijo: señor Quijada (que así se debía de llamar cuando él tenía juicio, y no había pasado de hidalgo sosegado a caballero andante) ¿quién ha puesto a vuestra merced de esta suerte? Pero él, seguía con su romance a cuanto le preguntaba. Viendo esto el buen hombre, lo mejor que pudo le quitó el peto y espaldar, para ver si tenía alguna herida; pero no vió sangre ni señal alguna. Procuró levantarle del suelo, y no con poco trabajo le subió sobre su jumento, por parecerle caballería más sosegada. Recogió las armas hasta las astillas de la lanza, y liólas sobre Rocinante, al cual tomó de la rienda, y del cabestro al asno, y se encaminó hacia su pueblo, bien pensativo de oír los disparates que Don Quijote decía; y no menos iba Don Quijote, que de puro molido y quebrantado no se podía tener sobre el borrico, y de cuando en cuando daba unos suspiro que los ponía en el cielo, de modo que de nuevo obligó a que el labrador le preguntase le dijese qué mal sentía; y no parece sino que el diablo le traía a la memoria los cuentos acomodados a sus sucesos, porque en aquel punto, olvidándose de Baldovinos, se acordó del moro Abindarráez cuando el alcaide de Antequera Rodrigo de Narváez le prendió, y llevó cautivo a su alcaidía. De suerte que cuando el labrador le volvió a preguntar cómo estaba y qué sentía, le respondió las mismas palabras y razones que el cautivo Abencerraje respondía a Rodrigo de Narváez, del mismo modo que él había leído la historia en la Diana de Jorge de Montemayor, donde se escribe; aprovechándose de ella tan de propósito que el labrador se iba dando al diablo de oír tanta máquina de necedades; por donde conoció que su vecino estaba loco, y dábase priesa a llegar al pueblo, por excusar el enfado que Don Quijote le causaba con su larga arenga. Al cabo de lo cual dijo; sepa vuestra merced, señor Don Rodrigo de Narváez, que esta hermosa Jarifa, que he dicho, es ahora la linda Dulcinea del Toboso, por quien yo he hecho, hago y haré los más famosos hechos de caballerías que se han visto, vean, ni verán en el mundo.
A esto respondió el labrador: mire vuestra merced, señor, ¡pecador de mí! que yo no soy don Rodrigo de Narváez, ni el marqués de Mantua, sino Pedro Alonso, su vecino; ni vuestra merced es Baldominos, ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijada; yo sé quien soy, respondió Don Quijote, y sé que puedo ser, no sólo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia, y aún todos los nueve de la fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno de por sí hicieron, se aventajarán las mías.
En estas pláticas y otras semejantes llegaron al lugar a la hora que anochecía; pero el labrador aguardó a que fuese algo más noche, porque no viesen al molido hidalgo tan mal caballero. Llegada, pues, la hora que le pareció, entró en el pueblo y en casa de Don Quijote, la cual halló toda alborotada, y estaban en ella el cura y el barbero del lugar, que eran grandes amigos de Don Quijote, que estaba diciéndoles su ama a voces: ¿qué le parece a vuestra merced, señor licenciado, Pero Pérez, que así se llamaba el cura, de la desgracia de mi señor? Seis días ha que no parecen él, ni el rocín, ni la adarga, ni la lanza, ni las armas. ¡Desventurada de mí! que me doy a entender, y así es ello la verdad como nací para morir, que estos malditos libros de caballerías que él tiene, y suele leer tan de ordinario, le han vuelto el juicio; que ahora me acuerdo haberle oído decir muchas veces hablando entre sí, que quería hacerse caballero andante, e irse a buscar las aventuras por esos mundos. Encomendados sean a Satanás y a Barrabás tales libros, que así han echado a perder el más delicado entendimiento que había en toda la Mancha. La sobrina decía lo mismo, y aún decía más: sepa, señor maese Nicolás, que este era el nombre del barbero, que muchas veces le aconteció a mi señor tío estarse leyendo en estos desalmados libros de desventuras dos días con sus noches: al cabo de los cuales arrojaba el libro de las manos, y ponía mano a la espada, y andaba a cuchilladas con las paredes; y cuando estaba muy cansado, decía que había muerto a cuatro gigantes como cuatro torres, y el sudor que sudaba del cansancio decía que era sangre de las feridas que había recibido en la batalla; y bebíase luego un gan jarro de agua fría, y quedaba sano y sosegado, diciendo que aquella agua era una preciosísisma bebida que le había traído el sabio Esquife, un grande encantador y amigo suyo. Mas yo me tengo la culpa de todo, que no avisé a vuestras mercedes de los disparates de mi señor tío, para que lo remediaran antes de llegar a lo que ha llegado, y quemaran todos estos descomulgados libros (que tiene muchos), que bien merecen ser abrasados como si fuesen de herejes. Esto digo yo también, dijo el cura, y a fe que no se pase el día de mañana sin que de ellos no se haga auto público, y sean condenados al fuego, porque no den ocasión a quien los leyere de hacer lo que mi buen amigo debe de haber hecho.
Todo esto estaban oyendo el labrador y Don Quijote, con que acabó de entender el labrador la enfermedad de su vecino, y así comenzó a decir a voces: abran vuestras mercedes al señor Baldovinos y al señor marqués de Mantua, que viene mal ferido, y al señor moro Abindarráez, que trae cautivo el valeroso Rodrigo de Narváez, alcaide de Antequera. A estas voces salieron todos, y como conocieron los unos a su amigo, las otras a su amo y tío, que aún no se había apeado del jumento, porque no podía, corrieron a abrazarle. El dijo: ténganse todos, que vengo mal ferido por la culpa de mi caballo; llévenme a mi lecho, y llámese si fuere posible, a la sabia Urganda, que cure y cate mis feridas. Mirad en hora mala, dijo a este punto el ama, si me decía a mí bien mi corazón del pie que cojeaba mi señor. Suba vuestra merced en buena hora, que sin que venga esa Urganda le sabremos aquí curar. Malditos, digo, sean otra vez y otras ciento estos libros de caballería que tal han parado a vuestra merced.
Lleváronle luego a la cama, y catándole las feridas, no le hallaron ninguna; y él dijo que todo era molimiento, por haber dado una gran caída con Rocinante, su caballo, combatiéndose con diez jayanes, los más desaforados y atrevidos que pudieran fallar en gran parte de la tierra. Ta, Ta, dijo el cura; ¿jayanes hay en la danza? para mí santiguada, que yo los queme mañana antes de que llegue la noche. Hiciéronle a Don Quijote mil preguntas, y a ninguna quiso responder otra cosa, sino que le diesen de comer y le dejasen dormir, que era lo que más le importaba. Hízose así, y el cura se informó muy a la larga del labrador, del modo que había hallado a Don Quijote. El se lo contó todo con los disparates que al hallarle y al traerle había dicho, que fue poner más deseo en el licenciado de hacer lo que el otro día hizo, que fue llevar a su amigo el barbero maese Nicolás, con el cual se vino a casa de Don Quijote.







 

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